Jun 17

CRISTIANOS PERSEGUIDOS EN SIRIA

cartel alepo

May 28

Corpus Christi – Ciclo C

Texto para la oración

“En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: ‘Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado’. Él les contestó: ‘Dadles vosotros de comer’. Ellos replicaron: ‘No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío’. Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: ‘Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta’. Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.”. (Lc 9, 11-17)

panes y pecesComentario al texto

Este relato, como otros que encontramos en el Antiguo Testamento de este carácter, están escritos para ilustrar la profunda convicción de que Dios nunca abandona a su pueblo. El texto que tenemos delante, además, quiere poner en relación este acontecimiento con el de la última cena por medio de las distintas alusiones: la comida vespertina, la bendición, el partir el pan… y se lo dio a los discípulos para que se los sirvieran. Lucas nos presenta aquí a Jesús como anfitrión, que está en medio de los suyos, para alimentar y socorrer. La bendición de Jesús es la que produce el milagro de la multiplicación, pero sobre todo lo que el evangelista nos quiere poner ante nuestros ojos es la sobreabundancia: Comieron todos y se saciaron.

Este domingo celebramos la fiesta del Corpus Christi. La iglesia presenta la eucaristía como culmen y, a la vez, fuente de la vida cristiana. Así, cada domingo nos reunimos para celebrar el sacramento de nuestra fe: La Eucaristía.

eucaristia 3Oración con el texto

-Durante la semana puedo buscar, como lugar privilegiado para la oración, el sagrario. La presencia de Jesús-eucaristía.

Ante esa presencia me pongo en actitud de adorar, este misterio de fe. Ese pan entregado de manera sobreabundante, es el pan que me alimenta y me acerca a Jesús: Señor, dame siempre de tu pan.

Esta palabra, me invita también a descubrir cuál es mi lugar como cristiano. Jesús me dice a mí: Dales tú de comer. Quizá yo, como los discípulos, muchas veces pretendo que cada uno se solucione su vida. Pero oigo esa voz de Jesús: Dales tú de comer. Compromete tu vida. Entiende este signo de Jesús: compartir. Partir con otros lo que tenemos; hay para todos. “Dadles vosotros de comer”, en vuestras manos está. Nos llama a ser sus manos, para hacer llegar, a los que nada tienen, el alimento: Dadles vosotros de comer.

Celebrar este misterio es esforzarnos en construir una iglesia solidaria, abierta a las necesidades, caminando con Jesús entre los pobres.

Puedo terminar orando:

Jesús resucitado, alimento espiritual de nuestra vida.

Queremos pasar por la vida como Tú, Jesús de Nazaret:

Oyendo las necesidades y ayudando a los empobrecidos.

Queremos compartir con generosidad para que llegue a todos.

Jesús resucitado, alimento espiritual de nuestra vida.

Queremos que tu iglesia sea la mesa compartida

que invita a los más débiles,

que se hace solidaria con todos los que sufren.

eucaristía 4En el año de la misericordia

Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será el modo de despertar nuestra conciencia… y de entrar, todavía más, en el corazón del evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina… No podemos escapar de las palabras del Señor y en base a ellas seremos juzgados: si dimos de comer al hambriento y de beber al sediento. (Papa Francisco. MV 15)

panes y peces 2Lourdes González Aristigueta
(Institución Teresiana)

May 26

FIESTA DEL CORPUS CHRISTI

Cartel Corpus 2016 para redes sociales (Fernando)

May 14

Pentecostés – Ciclo C

Texto para la oración

“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: ‘Paz a vosotros’. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: ‘Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo’. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; y a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Juan 20, 19-23)

pentecostés 3

Comentario al texto

Estamos cerrando ya el tiempo de pascua con la gran fiesta de Pentecostés: recibid el Espíritu Santo. Ese regalo de Jesús hecho a los discípulos para el bien común, como lo expresa San Pablo en su carta a los Corintios. En el evangelio, lo que Juan quiere destacar es la transformación radical que supuso el encuentro de Jesús con los suyos, y lo expresa fundamentalmente en el contraste, entre el “encierro”, estaban cerradas las puertas de la casa, y el “envío”: os envío yo; y la transformación del “miedo”: miedo a los judíos, a la alegría: se llenaron de alegría. La escena discurre así: Jesús se presenta en medio de ellos, él tiene la iniciativa; se identifica: les muestra las manos y el costado; y es reconocido por los discípulos: cuando vieron al Señor. Destaca también la misión, vinculada a la misión de Jesús, que viene directamente del Padre: como el Padre me ha enviado así también os envío yo. Íntimamente vinculada a la misión aparece la efusión del Espíritu: Recibid el Espíritu Santo. Es éste el momento culminante del relato. En este momento el evangelista está subrayando el nacer de nuevo, la nueva creación: sopló sobre ellos, lo mismo que Dios insufló vida en el primer hombre, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo, dándoles así la plenitud de vida, y los discípulos recuperan la alegría para salir y proclamar la buena noticia de la salvación.

Oración con el texto

-Estoy en presencia de Jesús resucitado, leo de nuevo los distintos momentos de la escena, después de ayudarme del comentario, doy vueltas al texto, cayendo en la cuenta de cada momento: el miedo de los discípulos… la alegría del encuentro… la manifestación de Jesús: sus manos y costado señas de identidad… Jesús que envía su aliento de vida: Recibid el Espíritu Santo. La nueva vida en el Espíritu.

-Pido en este momento que Jesús despierte en mí el deseo de recibir ese mismo Espíritu que me transforme, que haga de mí una mujer, un hombre nuevo: capaces de vivir libres y de generar libertad.

Reconozco su presencia en la iglesia, nacida del Espíritu de Pentecostés. Sin él “los doce” y los que formamos hoy el nuevo pueblo, seguiríamos presos en nuestro barro.

-Por eso deseamos y pedimos con fuerza: ¡Ven, Espíritu Santo!

pentecostés 1

Ven, Espíritu divino,  manda tu luz desde el cielo.  Padre amoroso del pobre;  don, en tus dones espléndido;  luz que penetra las almas;  fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,  descanso de nuestro esfuerzo,  tregua en el duro trabajo,  brisa en las horas de fuego,  gozo que enjuga las lágrimas  y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,  divina luz, y enriquécenos.  Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos, por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito: salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén

(Secuencia de Pentecostés)

En el año de la misericordia:

Este año santo lleva consigo la riqueza de la misión de Jesús… llevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros de las nuevas esclavitudes de la sociedad moderna. (Papa Francisco. MV 16)

pentecostés 2Lourdes González Aristigueta
(Institución Teresiana)

May 07

Charla-Testimonio del P. Rodrigo Miranda (Misionero en Siria)

 

AIN

 

 

May 07

Eucaristía por las Víctimas del Terremoto de Ecuador

VICTIMAS ECUADOR

May 07

Ascensión del Señor – Ciclo C

ascension 3Texto para la oración

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo Alto’. Después los sacó hacia Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el Cielo. Ellos se postraron ante Él y volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios” (Lucas 24, 46-53).

Comentario al texto

El relato que nos presenta la liturgia este domingo forma parte de la segunda aparición del resucitado. Jesús se aparece a los once después de haberse encontrado con los de Emaús. Hay dos elementos característicos en este texto: Señala a los discípulos como testigos y continuadores por la fuerza que viene de lo Alto y de ahí la promesa del Espíritu recogida ampliamente en el Libro de los Hechos. Los once dejan de ser discípulos para convertirse en testigos. El texto, termina con el relato de la Ascensión y la vuelta a Jerusalén, al templo, donde comenzó la obra. Finaliza así una época única e irremplazable y comienza otra, la de la comunidad cristiana. En la primera parte, Lucas trata de identificar al crucificado con el resucitado que les abre las mentes para entender el sentido auténtico de su vida, muerte y resurrección; después les confirma las promesas: os enviaré lo que mi Padre ha prometido. El texto recoge también un rápido resumen del contenido del anuncio de salvación: la muerte y resurrección de Cristo, según las escrituras; la conversión para el perdón de los pecados; la predicación a todas las naciones; la venida del Espíritu que les dará la fuerza para ser testigos.

Ascension 4Oración con el texto

Busco un lugar adecuado para este momento de oración

Vuelvo a la Palabra: Una vez leído el comentario, vuelvo a la lectura de la Palabra. Jesús hoy me hace a mí sujeto de estas palabras.

La oración es, sobre todo, un encuentro: Jesús resucitado me habla a mí como testigo de su muerte y resurrección, me invita a proclamar el perdón de los pecados a todos los pueblos. Su misericordia.

Puedo preguntarme: ¿Cómo puedo ser yo testigo? ¿Dónde puedo yo hacer llegar esta buena noticia?

Y mientras les bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Es la victoria de Cristo y la mayoría de edad de la comunidad cristiana. Los discípulos quedan envueltos en su bendición. Yo también, en la memoria de esta fiesta, siento esa bendición que me reconforta, que me confirma de nuevo como discípulo y testigo, que me invita a quedar en esta tierra como otro Cristo.

Continúo orando:

ascension 5Jesús resucitado: Celebramos hoy tu “ascensión a los cielos”.

No estás ya al alcance de nuestros sentidos,

sino que estás presente, sin límites, eternamente.

Nosotros vivimos con la ardiente esperanza

de seguirte en tu Reino.

Esta esperanza, sostenida por tu Espíritu,

nos hace testigos tuyos:

mantiene nuestros ojos abiertos a las llamadas del amor;

compromete nuestra persona en el compromiso

por hacer crecer la fraternidad,

por estar cerca, como tú lo estuviste,

de quienes más lo necesitan. AMEN.

En el año de la misericordia

La predicación de Jesús se hace de nuevo visible en las respuestas de fe que el testimonio de los cristianos está llamado a ofrecer. Que nos acompañen las palabras del apóstol: el que practica misericordia, que lo haga con alegría. (Papa Francisco. MV 16)

ascensión 2Lourdes González Aristigueta
(Institución Teresiana)

Abr 30

VI Domingo de Pascua – Ciclo C

Texto para la oración

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.  El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: Me voy y vuelvo a vuestro lado. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo”.

(Juan 14, 23-29)

orante 1

Comentario al texto

La Pascua va orientando sus lecturas hacia la venida del Espíritu Santo que el Padre enviará. Ese Espíritu Santo que los discípulos sentían caminando con ellos, como lo expresan, con sencillez, en la primera lectura de los Hechos: El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido.

El texto, como el del domingo anterior, está tomado del discurso de despedida, pero el evangelista escribe ya desde la perspectiva que le proporcionan la resurrección y la vida de su comunidad. Por eso está claramente descrito que lo que va a acontecer, aparentemente una pérdida, es precisamente lo contrario, porque en la muerte, Jesús, va a manifestar plenamente la verdad más honda de sí: el amor, la entrega total de sí mismo. Así leemos en el texto: el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo. Y así lo han experimentado y así se ha traducido en ellos en experiencia de paz, de valentía, de amor.

Oración con el texto

Siento que estoy en presencia de Jesús, Jesús resucitado que nos ha prometido una nueva forma de presencia. Jesús ha sido la revelación y presencia definitiva de Dios en el mundo.

Raffaello-Gesu-risortoAnte esa presencia me pongo en actitud de adorar, este misterio de Dios que en esta lectura se nos da a conocer en esa triple dimensión de Padre, Hijo y Espíritu.

Esta palabra, hoy, me habla de que ese Dios hará morada en nosotros, hará morada en mí, me habitará. Dios más íntimo a mí que mí mismo, dice San Agustín.

Adoro esta presencia interior en mí y en cada una de las personas con las que comparto mi vida.

Vuelvo sobre la palabra, saboreándola, gustándola: ‘El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él…’

Pido, a este Dios que me habita, que resplandezca en mí la presencia de su Espíritu. Que la iglesia camine al aire de ese Espíritu. Que el Espíritu, con su presencia nos ilumine la Escritura, nos haga entendible la Palabra de Dios, que fortalezca nuestros corazones en el amor y que nos conceda la paz. Y que cada uno de nosotros seamos testigos de esta presencia.

En el año de la misericordia

Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia. Esta fuente nunca podrá agotarse, sin importar cuántos sean los que a ella se acerquen. Cada vez que alguien tenga necesidad podrá venir a ella, porque la misericordia de Dios no tiene fin. Tan insondable es la profundidad del misterio que encierra, tan inagotable la riqueza que de ella proviene. (Papa Francisco. MV 25)

pax dominiLourdes González Aristigueta
(Institución Teresiana)

Abr 23

V Domingo de Pascua – Ciclo C

Texto para la oración

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: ‘Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros’. (Jn 13, 11-13. 34-35)

cena 1

Comentario al texto

El texto evangélico está tomado del comienzo del primer discurso de despedida del evangelio de Juan, después de haberles lavado los pies. Nos resuena aún el texto leído el día de jueves santo. La memoria de estas palabras programáticas de Jesús, la liturgia nos las trae ahora a este tiempo de Pascua. Jesús ha resucitado, y de Él se dice en el texto, en primer lugar: que Dios (Padre) y el Hijo son una misma cosa: es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él; a continuación, nos presenta el momento de la despedida -de este Jesús resucitado-, me queda poco de estar con vosotros; por último, el testamento del amor ofrecido a esta comunidad nueva que nace de la Pascua. Será la señal por la que conocerán que sois discípulos míos, que os amáis unos a otros. Además de que sólo el amor fortalecerá la comunidad: amaos unos a otros. “Si se quieren mutuamente con el amor con el que Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos. El amor que han recibido de Jesús seguirá difundiéndose entre los suyos” (Pagola)

cena 3Oración con el texto

Para este momento de oración busco un espacio de silencio… me sitúo con la imaginación ante el icono de Jesús lavando los pies y leo de nuevo el texto lentamente, rehaciendo la escena.

-Estoy ante la gloria de Jesús resucitado: Dios como el Padre.

-Me anuncia una presencia nueva en medio de mi comunidad, en medio de la iglesia. EL AMOR.

-Me habla de NOVEDAD: un mandamiento nuevo. Les habla desde la experiencia. Los discípulos han experimentado el amor de Jesús: vosotros sois mis amigos. Junto a él han vivido la verdadera amistad.

AMISTAD significa acogida, cercanía, apoyo mutuo, comprensión, servicio.

-Miro mi vida de amistad con Jesús. ¿Cómo es mi experiencia? ¿Me he sentido amada / amado…? Sólo desde la experiencia del amor podré comenzar a amar.

-Pido a Jesús vivir y sentir esa experiencia de amor. Él me ha elegido como amigo. ¿Lo siento en concreto?

– ¿Cómo es mi amor a los demás? ¿Tiene la fuerza de la señal por la que me han de reconocer como discípula o como discípulo?

– Pido en oración: Señor, Jesús, que yo ame como tú quieres que ame.

En el año de la misericordia

La fraternidad tiene necesidad de ser descubierta, amada, experimentada, anunciada y testimoniada… Por más grandes que sean nuestros límites… estamos invitados a robustecer las manos a fortalecer las rodillas, a tener valor y a no temer, porque nuestro Dios nos muestra siempre la grandeza de su misericordia. (Papa Francisco. Angelus 15 XII. 2013)

cena 4Lourdes González Aristigueta
(Institución Teresiana)

Abr 16

IV Domingo de Pascua – Ciclo C

Texto para la oración

En aquel tiempo dijo Jesús: ‘Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen; y yo les doy la vida eterna; no perecerán siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno” (Jn 10, 27-30)

buen pastor 6

Comentario al texto

Estamos este domingo ante la imagen de Jesús como Buen Pastor. Para entender bien esta parábola necesitamos acercarnos a la cultura del mundo en donde nace. En aquel mundo la persona se entiende en relación al grupo al que pertenece: familia, pueblo… Y la figura del pastor evoca el cariño, la vinculación, la responsabilidad ante los otros. La Biblia utiliza en distintos pasajes, la metáfora del pastor para nombrar a Dios mismo, para hacer alusión al ejercicio correcto en la actuación pública de los dirigentes de Israel. Incluso se asocia a la utopía en un orden social más justo y armonioso. El evangelista pone el énfasis en esa relación mutua entre las ovejas y el pastor: mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Pone de manifiesto la actitud receptiva con los verbos escuchar y seguir que hace referencia a la actitud del discípulo. Al Buen Pastor, Jesús, le adjudica el verbo conocer con el significado bíblico afectivo de querer, sentirse cercano, vinculado, responsable. Es el camino del amor que nos lleva a la plenitud de vida. Esta alegoría del pastor y las ovejas pone el acento en la dimensión personalizada, en esa relación mutua de Jesús con los suyos. Desde esta alegoría entenderemos hoy mejor el encargo de Jesús a Pedro, que leímos el domingo anterior: Pedro apacienta mis ovejas. Y esto se lo dice cuando ha escuchado de sus labios estas palabras: ‘Tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero’. Ahora Pedro sabe que esta misión es un servicio, hasta el punto de dar la vida por las ovejas, como Jesús.

buen pastor 8Oración con el texto

Es importante leer este breve texto sin perder ninguna de sus palabras: situándome en las distintas representaciones de esta escena. Puedo tener delante la imagen del Buen Pastor, ese Jesús que carga sobre sus hombros a la oveja perdida o a la enferma. Voy saboreando las pocas palabras de este texto: la fuerza de los verbos: escucharconocerseguir. Ahondando en el significado que acabamos de descubrir en el comentario al texto. Continúo, profundizando en la lectura de la Palabra: ellas no se perderánnadie me las arrancará.

Me dejo interpelar por la Palabra: ¿Cómo escucho yo la voz de Jesús, mi Buen Pastor? ¿Cómo es mi seguimiento? ¿Me he sentido alguna vez llevado en sus hombros? ¿He huido del rebaño? ¿Cuál ha sido la razón?

– El pastor bueno conoce a cada uno por su nombre; conoce mis capacidades y debilidades, mis ilusiones y mis heridas; conoce mi corazón y me ama como a su hijo. ¿Estoy convencido del amor de este Jesús que me conoce, que me quiere, que está cercano a mí, siempre?

– El pastor bueno ayuda y defiende, nunca me abandonará. Da su vida por amor a sus ovejas. ¿Cómo actúo yo en relación a los demás? ¿Cómo asumo yo mi responsabilidad de ser pastores de otros? ¿Cómo cuido? ¿Cómo acompaño? ¿Cómo curo? …

En el año de la misericordia

Tenemos que darle a nuestro caminar el ritmo sanador de la projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión, pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana. (Papa Francisco. Evangelii Gaudium 169)

buen pastor 1Lourdes González Aristigueta
(Institución Teresiana)

 

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