Abr 30

VI Domingo de Pascua – Ciclo C

Texto para la oración

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.  El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: Me voy y vuelvo a vuestro lado. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo”.

(Juan 14, 23-29)

orante 1

Comentario al texto

La Pascua va orientando sus lecturas hacia la venida del Espíritu Santo que el Padre enviará. Ese Espíritu Santo que los discípulos sentían caminando con ellos, como lo expresan, con sencillez, en la primera lectura de los Hechos: El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido.

El texto, como el del domingo anterior, está tomado del discurso de despedida, pero el evangelista escribe ya desde la perspectiva que le proporcionan la resurrección y la vida de su comunidad. Por eso está claramente descrito que lo que va a acontecer, aparentemente una pérdida, es precisamente lo contrario, porque en la muerte, Jesús, va a manifestar plenamente la verdad más honda de sí: el amor, la entrega total de sí mismo. Así leemos en el texto: el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo. Y así lo han experimentado y así se ha traducido en ellos en experiencia de paz, de valentía, de amor.

Oración con el texto

Siento que estoy en presencia de Jesús, Jesús resucitado que nos ha prometido una nueva forma de presencia. Jesús ha sido la revelación y presencia definitiva de Dios en el mundo.

Raffaello-Gesu-risortoAnte esa presencia me pongo en actitud de adorar, este misterio de Dios que en esta lectura se nos da a conocer en esa triple dimensión de Padre, Hijo y Espíritu.

Esta palabra, hoy, me habla de que ese Dios hará morada en nosotros, hará morada en mí, me habitará. Dios más íntimo a mí que mí mismo, dice San Agustín.

Adoro esta presencia interior en mí y en cada una de las personas con las que comparto mi vida.

Vuelvo sobre la palabra, saboreándola, gustándola: ‘El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él…’

Pido, a este Dios que me habita, que resplandezca en mí la presencia de su Espíritu. Que la iglesia camine al aire de ese Espíritu. Que el Espíritu, con su presencia nos ilumine la Escritura, nos haga entendible la Palabra de Dios, que fortalezca nuestros corazones en el amor y que nos conceda la paz. Y que cada uno de nosotros seamos testigos de esta presencia.

En el año de la misericordia

Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia. Esta fuente nunca podrá agotarse, sin importar cuántos sean los que a ella se acerquen. Cada vez que alguien tenga necesidad podrá venir a ella, porque la misericordia de Dios no tiene fin. Tan insondable es la profundidad del misterio que encierra, tan inagotable la riqueza que de ella proviene. (Papa Francisco. MV 25)

pax dominiLourdes González Aristigueta
(Institución Teresiana)

Abr 23

V Domingo de Pascua – Ciclo C

Texto para la oración

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: ‘Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros’. (Jn 13, 11-13. 34-35)

cena 1

Comentario al texto

El texto evangélico está tomado del comienzo del primer discurso de despedida del evangelio de Juan, después de haberles lavado los pies. Nos resuena aún el texto leído el día de jueves santo. La memoria de estas palabras programáticas de Jesús, la liturgia nos las trae ahora a este tiempo de Pascua. Jesús ha resucitado, y de Él se dice en el texto, en primer lugar: que Dios (Padre) y el Hijo son una misma cosa: es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él; a continuación, nos presenta el momento de la despedida -de este Jesús resucitado-, me queda poco de estar con vosotros; por último, el testamento del amor ofrecido a esta comunidad nueva que nace de la Pascua. Será la señal por la que conocerán que sois discípulos míos, que os amáis unos a otros. Además de que sólo el amor fortalecerá la comunidad: amaos unos a otros. “Si se quieren mutuamente con el amor con el que Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos. El amor que han recibido de Jesús seguirá difundiéndose entre los suyos” (Pagola)

cena 3Oración con el texto

Para este momento de oración busco un espacio de silencio… me sitúo con la imaginación ante el icono de Jesús lavando los pies y leo de nuevo el texto lentamente, rehaciendo la escena.

-Estoy ante la gloria de Jesús resucitado: Dios como el Padre.

-Me anuncia una presencia nueva en medio de mi comunidad, en medio de la iglesia. EL AMOR.

-Me habla de NOVEDAD: un mandamiento nuevo. Les habla desde la experiencia. Los discípulos han experimentado el amor de Jesús: vosotros sois mis amigos. Junto a él han vivido la verdadera amistad.

AMISTAD significa acogida, cercanía, apoyo mutuo, comprensión, servicio.

-Miro mi vida de amistad con Jesús. ¿Cómo es mi experiencia? ¿Me he sentido amada / amado…? Sólo desde la experiencia del amor podré comenzar a amar.

-Pido a Jesús vivir y sentir esa experiencia de amor. Él me ha elegido como amigo. ¿Lo siento en concreto?

– ¿Cómo es mi amor a los demás? ¿Tiene la fuerza de la señal por la que me han de reconocer como discípula o como discípulo?

– Pido en oración: Señor, Jesús, que yo ame como tú quieres que ame.

En el año de la misericordia

La fraternidad tiene necesidad de ser descubierta, amada, experimentada, anunciada y testimoniada… Por más grandes que sean nuestros límites… estamos invitados a robustecer las manos a fortalecer las rodillas, a tener valor y a no temer, porque nuestro Dios nos muestra siempre la grandeza de su misericordia. (Papa Francisco. Angelus 15 XII. 2013)

cena 4Lourdes González Aristigueta
(Institución Teresiana)

Abr 16

IV Domingo de Pascua – Ciclo C

Texto para la oración

En aquel tiempo dijo Jesús: ‘Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen; y yo les doy la vida eterna; no perecerán siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno” (Jn 10, 27-30)

buen pastor 6

Comentario al texto

Estamos este domingo ante la imagen de Jesús como Buen Pastor. Para entender bien esta parábola necesitamos acercarnos a la cultura del mundo en donde nace. En aquel mundo la persona se entiende en relación al grupo al que pertenece: familia, pueblo… Y la figura del pastor evoca el cariño, la vinculación, la responsabilidad ante los otros. La Biblia utiliza en distintos pasajes, la metáfora del pastor para nombrar a Dios mismo, para hacer alusión al ejercicio correcto en la actuación pública de los dirigentes de Israel. Incluso se asocia a la utopía en un orden social más justo y armonioso. El evangelista pone el énfasis en esa relación mutua entre las ovejas y el pastor: mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Pone de manifiesto la actitud receptiva con los verbos escuchar y seguir que hace referencia a la actitud del discípulo. Al Buen Pastor, Jesús, le adjudica el verbo conocer con el significado bíblico afectivo de querer, sentirse cercano, vinculado, responsable. Es el camino del amor que nos lleva a la plenitud de vida. Esta alegoría del pastor y las ovejas pone el acento en la dimensión personalizada, en esa relación mutua de Jesús con los suyos. Desde esta alegoría entenderemos hoy mejor el encargo de Jesús a Pedro, que leímos el domingo anterior: Pedro apacienta mis ovejas. Y esto se lo dice cuando ha escuchado de sus labios estas palabras: ‘Tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero’. Ahora Pedro sabe que esta misión es un servicio, hasta el punto de dar la vida por las ovejas, como Jesús.

buen pastor 8Oración con el texto

Es importante leer este breve texto sin perder ninguna de sus palabras: situándome en las distintas representaciones de esta escena. Puedo tener delante la imagen del Buen Pastor, ese Jesús que carga sobre sus hombros a la oveja perdida o a la enferma. Voy saboreando las pocas palabras de este texto: la fuerza de los verbos: escucharconocerseguir. Ahondando en el significado que acabamos de descubrir en el comentario al texto. Continúo, profundizando en la lectura de la Palabra: ellas no se perderánnadie me las arrancará.

Me dejo interpelar por la Palabra: ¿Cómo escucho yo la voz de Jesús, mi Buen Pastor? ¿Cómo es mi seguimiento? ¿Me he sentido alguna vez llevado en sus hombros? ¿He huido del rebaño? ¿Cuál ha sido la razón?

– El pastor bueno conoce a cada uno por su nombre; conoce mis capacidades y debilidades, mis ilusiones y mis heridas; conoce mi corazón y me ama como a su hijo. ¿Estoy convencido del amor de este Jesús que me conoce, que me quiere, que está cercano a mí, siempre?

– El pastor bueno ayuda y defiende, nunca me abandonará. Da su vida por amor a sus ovejas. ¿Cómo actúo yo en relación a los demás? ¿Cómo asumo yo mi responsabilidad de ser pastores de otros? ¿Cómo cuido? ¿Cómo acompaño? ¿Cómo curo? …

En el año de la misericordia

Tenemos que darle a nuestro caminar el ritmo sanador de la projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión, pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana. (Papa Francisco. Evangelii Gaudium 169)

buen pastor 1Lourdes González Aristigueta
(Institución Teresiana)

 

Abr 14

Semana Vocacional 2016

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Abr 09

III Domingo de Pascua – Ciclo C

Texto para la oración

“En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: ‘Me voy a pescar’. Ellos contestan: ‘Vamos también nosotros contigo’. Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: ‘Muchachos, ¿tenéis pescado?’ Ellos contestaron: ‘No’. Él les dice: ‘Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis’. La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: ‘Es el Señor’. Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: ‘Traed de los peces que acabáis de coger’. Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: ‘Vamos, almorzad’. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, le preguntó Jesús a Simón Pedro: ‘¿Simón, hijo de Juan, me amas más que estos?’ Contestó Pedro: ‘Señor, sí, tu sabes que te quiero’ Jesús le dijo: ‘apacienta mis ovejas… Sígueme” (Jn 21, 1-19)

pesca 2Comentario al texto

El evangelio de Juan nos narra este domingo el tercer encuentro de Jesús con el grupo de los discípulos en su trabajo cotidiano, la pesca. La escena está repleta de elementos simbólicos como es propio de este evangelista: el lago como lugar de la prueba y la dificultad; la noche que señala la ausencia del Señor; el amanecer signo de la nueva luz, presencia del Señor resucitado: estaba ya amaneciendo cuando Jesús se presentó en la orilla; el número de peces, símbolo de plenitud. El esquema de la narración es el habitual de los relatos de apariciones: La iniciativa de Jesús que sale al encuentro cuando no se le espera; los signos que ayudan a su reconocimiento: la pesca milagrosa, la comida compartida. Una novedad representa la segunda parte del texto, centrado en la figura de Pedro al que encomienda una misión que no puede ser entendida más que en las mismas claves de Jesús: dar la vida por las ovejas.

Oración con el texto

Una vez que he leído el texto, busco el lugar y la postura adecuada que me facilite este momento de oración. Puedo encender una vela símbolo de la presencia de Cristo resucitado. Me sitúo en este nuevo escenario: el lago Tiberíades y la presencia de los discípulos, de Pedro que va a recibir, en esta noche una misión especial. Estaba ya amaneciendo cuando Jesús se presentó en la orilla. Dice el texto.

Me dejo interpelar por la respuesta de Juan que reconoce a Jesús y dice: Es el Señor. Hago memoria de la presencia de Jesús en mi vida, en mis noches, en mis amaneceres, y quiero confesar como Juan: es el Señor.

Me sitúo en el lugar de Pedro. Su fogosidad: cuando oyó a Juan que le decía, es el Señor, se echó al agua. Pídele al Señor que arda en ti ese mismo amor, y esa prontitud en ir a su encuentro.

Hazte presente a ese diálogo de amor: ¿Simón… me amas más que estos? Y dile a Jesús que crees en su amor incondicional, en su amor gratuito, en su amor capaz de transformar la propia vida. Acoge la misión a la que él te envía: cuida de mi gente, acércate a los que más lo necesitan, acompaña soledades… apacienta mis ovejas.

Continúo orando:

pesca 3Señor, concédeme el regalo de encontrarte en la noche,

de descubrir la nueva luz, en tu presencia.

Pon en mi corazón el deseo de darme y entregarme.

De dar mi vida, como Pedro, en servicio a los más débiles.

Enciende mi corazón en el amor. Hazme constructor de paz.

Que camine por caminos de justicia y misericordia.

-Pide, hoy especialmente, al evocar la figura de Pedro, por su sucesor:

El papa Francisco que continuamente pide que oremos por él:

Que el Espíritu le fortalezca en la verdad y en el servicio.

Que le dé el gesto y la palabra oportuna para sembrar el bien.

Que sepa conducir al pueblo por las sendas del amor.

Abr 03

Vigilia de la Divina Misericordia

Abr 02

II Domingo de Pascua – Ciclo C

Texto para la oración

“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: ‘Paz a vosotros’.  Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: ‘Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo’. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor’. Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo’.  A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: ‘Paz a vosotros’. Luego dijo a Tomás: ‘Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente’. Contestó Tomás: ‘¡Señor mío y Dios mío!’. Jesús le dijo: ‘¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto’. Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo tengáis vida en su nombre”. (Jn 20, 19-31)

The_Incredulity_of_Saint_Thomas_by_CaravaggioComentario al texto

Nos encontramos con dos narraciones de las apariciones de Jesús a los discípulos. La primera cierra la jornada del primer día. Se apareció a los discípulos que estaban en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Es el encuentro con el grupo. Después nos narra la aparición a Tomás, que estaba ausente del grupo. Y esto acontece a los ocho días. Se subrayan tres elementos propios de estos relatos:

1) Es Jesús quien irrumpe en la escena,

2) la identidad de Jesús resucitado, entra estando las puertas cerradas, y a la vez es el mismo crucificado: les enseñó las manos y el costado,

3) la misión encomendada a los discípulos, en continuidad con la misión de Jesús: como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. La fuerza para esta misión les vendrá del Espíritu: Recibid el Espíritu Santo.

Oración con el texto

  • Una vez que he leído el texto, busco el lugar y la postura adecuada para entrar en oración. Hago silencio en mi interior, represento la escena con mi imaginación: es la primera reunión de los discípulos en ausencia del maestro… tenían miedo. Pero hay alguna fuerza que les convoca: ¿el recuerdo de Jesús?
  • También nosotros nos reunimos el primer día de la semana. Puedo preguntarme: ¿cómo y por qué acudo a la celebración del domingo? ¿Qué me mueve para acudir a este encuentro con Jesús presente en medio de nuestra comunidad? ¿Cuáles son mis sentimientos?
  • Jesús ahuyenta sus miedos y nuestros miedos: Paz a vosotros. Las manos y el costado de Jesús son sus señas y al mismo tiempo son los signos de su amor. La presencia de Jesús es portadora de paz. *Escuchamos de labios de Jesús la bienaventuranza de la fe: Dichosos los que crean sin haber visto. Me siento invitado a decir con Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! Es mi expresión de fe, hoy, en Cristo resucitado.
  • Escuchamos de labios de Jesús la bienaventuranza de la fe: Dichosos los que crean sin haber visto. Me siento invitado a decir con Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! Es mi expresión de fe, hoy, en Cristo resucitado.
  • Jesús se hizo presente en aquella comunidad de los primeros. Jesús se hace presente en nuestra comunidad. Nos envía su Espíritu y nos pide continuar su obra. Nos pide salir de nuestro pequeño círculo, y, por la fuerza del Espíritu, comunicar vida y amor a otros.

incredulidad de tomasEn el año de la misericordia

La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud. ‘Dios es amor’ (1Jn 4, 8-16), afirma por la primera y única vez en toda la escritura el evangelista Juan. Este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús

 

Mar 30

Proyecto ADORAR – PASCUA 2016 – “Paz a vosotros”

adorar pascua 2016

Mar 27

Domingo de Pascua

220px-Resurrection_(24)Texto para la oración

“El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue a donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y le dijo: ‘Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto’.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos”. (Jn 20, 1-9)

Comentario al texto

Con la Vigilia ha comenzado el tiempo pascual, la celebración de la resurrección del Señor. Durante este tiempo vamos a ir leyendo los relatos de la resurrección a través de los distintos personajes que se encontraron con él. El evangelista Juan nos presentará, a lo largo de los cuatro domingos de pascua, cuatro episodios que él sitúa en este primer día: dos por la mañana, en el sepulcro, y dos por la tarde en casa. En el texto que acabamos de leer, el evangelista señala un detalle: cuando aún estaba oscuro. La luz es uno de los grandes símbolos en este evangelio. En este relato está insinuando que, si bien Jesús ha resucitado, sus discípulos no han recibido esa luz. Nos presenta tres personajes: María Magdalena fue al sepulcro, ella recibe la tarea de anunciar que el sepulcro está vacío: se han llevado del sepulcro al Señor, dice a Pedro y a Juan. Enseguida la narración se centra en los dos discípulos principales del evangelio de Juan que emprenden una carrera: los dos corrían juntos, por llegar y ver lo que María Magdalena les había dicho. Hasta llegar al momento de la confesión de ‘el otro discípulo’ como lo nombra Juan, que vio y creyó.

icono pascuaOración con el texto

Vuelvo sobre la lectura del texto, fijándome en la mirada de cada uno de los personajes: María Magdalena vio la losa quitada del sepulcro; Pedro vio las vendas y el sudario por el suelo; el otro discípulo vio y creyó. Vemos como una progresión en ese modo de mirar y ver hasta llegar al testimonio creyente: vio y creyó. Creyó en el triunfo de la luz sobre la oscuridad, creyó en las escrituras, creyó en la palabra de Jesús.

Jesús, que vivió con ellos con ellos tantas experiencias, que les enseñó a abrir su corazón al Padre, que fue crucificado por su coherencia de vida, que amó hasta el extremo, ese Jesús, ¡ha resucitado! No hay otro testimonio más que la tumba vacía, pero ahí, ante la tumba vacía, empiezan a entender que Jesús vive.

Pido la actitud de estos tres personajes: saber acercar a otros el misterio de Jesús, movilizarme para descubrir los signos del resucitado y la comprensión de la palabra de Jesús, de las escrituras: Dios lo ha resucitado. La muerte para Jesús, como para cada uno de nosotros, no es la última palabra, la última palabra es Vida.

Puedes terminar orando:

Señor, concédeme ser testigo de la resurrección, poner la seguridad en lo que merece la pena, como dice Pablo en la carta que leemos este domingo: “Si hemos resucitado con Cristo, busquemos las cosas de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios”.

pascuaEn el año de la misericordia

En el año Santo de la Misericordia (la indulgencia) adquiere una relevancia particular. El perdón de Dios por nuestros pecados no conoce límites. En la muerte y resurrección de Jesucristo, Dios hace evidente este amor que es capaz incluso de destruir el pecado de los hombres. (Papa Francisco, MV nº 22)

Lourdes González Aristigueta
(Institución Teresiana)

 

 

 

 

Mar 19

Domingo de Ramos – Ciclo C

ramos1Texto para la oración

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó a sus discípulos, diciendo: ‘id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice algo contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto’. Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta: ‘Decid a la hija de Sion: Mira a tu rey que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila’. Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino, algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba: ‘¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Viva el Altísimo!’ Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada: ‘¡Quién es este!’ La gente que venía con él decía: ‘Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea” (Mt 21, 1-11)

 Comentario al texto

Es la última subida de Jesús a Jerusalén. Los tres evangelistas que describen este pasaje (Mateo, Marcos y Lucas) subrayan la decisión de Jesús de elegir un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Así lo anunció Zacarías: “Mira a tu rey que viene a ti, humilde, y montado en un asno, en un pollino hijo de acémila”. El borrico es signo del mesías humilde, representa la no violencia, la mansedumbre. Jesús con esta entrada lleva a cabo la exaltación de la sencillez, de la humanidad, de la bondad, de la cercanía a los pobres. Otros signos de esta fiesta son las palmas con las que el pueblo saluda la entrada en Jerusalén del Maestro. Que también nos hablan de martirio y testimonio. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! proclama la multitud que le ha seguido y ha visto sus milagros. Pero este rey está caracterizado, como leemos en Isaías, por situarse del lado de los indefensos, de los “abatidos” que necesitan una palabra de aliento.

ramos3Oración con el texto

Vuelvo sobre la lectura del texto, y me sitúo en este comienzo de la Semana Santa, mi semana santa. Jesús sube a Jerusalén, comienza el ascenso hacia la muerte. No solo recordamos un hecho histórico, sino un hecho de fe; hago solemne profesión de fe en que la cruz y muerte de Cristo son, en definitiva, una victoria.

– Jesús el Mesías pacífico. Que los ramos y palmas de victoria no oculten la realidad.

– Del “hosanna” al “crucifige”. A la luz de lo que aconteció a Jesús puedo preguntarme de qué lado estoy: con los que vitorean a un Mesías triunfante o con los que siguen a un Mesías sufriente. Con los que se esconden como los discípulos o se lavan las manos como Pilatos, con los que callan ante las injusticias o con los que se solidarizan con las víctimas.

– Seguimos llamados a participar de la Pascua de Jesús y alcanzar el reino de la libertad, de la paz y el amor.

Puedes terminar orando con el salmo 21:

Este salmo lo ponen los evangelistas en los labios de Jesús en el momento de la cercanía de su muerte. Es un salmo cargado de imágenes de gran intensidad que representan dos extremos. Recítalo lentamente mientras vas descubriendo la paradoja del sufrimiento y la gloria:

ramos4Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

A pesar de mis gritos mi oración no te alcanza.

En ti confiaban nuestros padres, confiaban y los ponías a salvo.

Tú eres quien me sacó del vientre… desde el seno pasé a tus manos,

desde el vientre materno tú eres mi Dios.

Me cerca una banda de malhechores, me taladran las manos y los pies.

Ellos me miran triunfantes,

se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica.

Pero tú, Señor no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.

Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá.

Hablarán del Señor a la generación futura, contarán su justicia

al pueblo que ha de nacer: todo lo que hizo el Señor.

ramos2En el año de la MISERICORDIA

Misericordiosos como el Padre. Para ser capaces de misericordia debemos, en primer lugar, colocarnos a la escucha de la Palabra de Dios. Esto significa recuperar el valor del silencio para meditar la Palabra que se nos dirige. (Papa Francisco. MV 13)

Lourdes González Aristigueta
(Institución teresiana)

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